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TRANSLATION FROM ENGLISH BY ARIANA ALMEIDA-MARTINEZ
Antes de que el sol salga sobre Depew Park, Maria Granda ya está en movimiento.
A los 55 años, la entrenadora principal del equipo masculino de cross country y del equipo femenino de atletismo en pista cubierta de la Escuela Secundaria de Peekskill avanza por la vida de la misma manera en que aborda una carrera: con paso constante, disciplina y determinación silenciosa. Sus días son exigentes. En las mañanas es defensora familiar en Westcop Therapeutic Nursery, en las tardes entrena a atletas universitarios y por las noches es voluntaria con Westchester Striders.
Sin embargo, para Granda, quien utiliza su segundo nombre, Elvira, correr nunca ha sido una carga. Siempre ha sido un propósito.
“Trabajo de siete a siete”, dijo. “Pero no me importa porque lo disfruto. El atletismo es algo que adoro. Tengo la suerte de trabajar haciendo algo que amo”.
Una Campeona en Perú

Mucho antes de convertirse en la entrenadora Granda en Peekskill, Elvira fue una destacada adolescente en Perú.
“Inicié mi carrera deportiva en Perú desde los 13 años”, recordó Granda. “Fui campeona nacional en los 400 metros con vallas. Corrí los 800, los 1.500 y los 3.000 metros. Y representé a Perú en los campeonatos sudamericanos”.
Su padre abrió el camino. Fue subcampeón sudamericano en los 400 metros con vallas y se convirtió en su inspiración. Ella recuerda con cariño las fotografías en las que él abordaba aviones con el uniforme de la selección nacional peruana. “Siempre decía: ‘Voy a ser como él’”.
Granda fue descubierta cuando una profesora de educación física notó su velocidad durante una clase y la impulsó a competir contra los varones. Poco después, su padre comenzó a despertarla a las cuatro de la mañana para entrenar. “Decía que el aire era más puro en la mañana”, recordó.
Tiempo después, su padre la llevó a las pruebas para integrar la selección nacional. Ganó su lugar y compitió durante la década de 1990, conquistando campeonatos en una época en la que los atletas de pista contaban con muchos menos recursos que los actuales.
“En este país hay mucho apoyo”, afirmó. “Cuando yo competía, era mucho más difícil. Pero lo hacía porque era mi pasión”.
Una Nueva Vida en Peekskill

A los 26 años, Granda llegó a Estados Unidos para visitar a su hermana y pronto comprendió que estaba lista para un cambio. En Perú trabajaba como secretaria en una clínica.
Primero vivió en White Plains y, después de casarse con su esposo, Fernando Salazar, de ascendencia uruguaya, se estableció en Peekskill. Este año la pareja celebra 26 años de matrimonio.
Juntos criaron a dos hijos, Joaquin y Juliette, en un hogar donde el deporte formaba parte de la vida cotidiana, pero nunca fue impuesto.
“Como atleta, siempre prioricé el deporte”, dijo Granda. “Pero nunca intenté obligar a mis hijos porque creo que el deporte tiene que surgir de manera natural”.
Su hijo Joaquin heredó de su padre la pasión por el fútbol. Su hija Juliette encontró su camino en el atletismo casi por accidente. Como no había nadie quien la cuidara mientras Granda corría en Depew Park, Juliette se sentaba al borde de la pista hasta que un día, por su propia iniciativa, comenzó a correr. A los seis años ya se había unido a un club. Su madre supo entonces que estaba destinada a algo especial.
“Sabía que iba a ser grande… Juliette siempre corrió con el corazón”.
Hoy, Juliette es estudiante de tercer año de psicología y compite a nivel División I para el programa de atletismo de la Universidad de Buffalo. Aunque muchas de sus competencias están demasiado lejos para que su madre asista en persona, Granda las transmite en línea y se comunican por videollamada casi todos los días.
“Crecí teniendo a mi mamá como mi mayor apoyo”, dijo Juliette al Peekskill Herald. “Ella fue la razón principal por la que empecé a correr y por la que he llegado tan lejos en mi carrera. Sin lugar a dudas, mi mamá es la mujer más fuerte que conozco”.
Una Pérdida que lo Cambió Todo
En 2020, la tragedia golpeó a la familia. El hijo de Granda, Joaquin —exestrella del fútbol de Peekskill— fue apuñalado mortalmente por otro adolescente. Tenía 18 años.
“Pienso en mi hijo todos los días”, dijo. “No hay un día en el que no me despierte pensando en él. No hay un día en el que me vaya a dormir sin pensar en él”.
Lo describe como curioso, alegre y profundamente amoroso. Un joven que creó su propio gimnasio en su habitación, trabajó para ahorrar dinero para la universidad y jugaba fútbol con su padre los domingos.
“Todos conocían a Joaquin”, afirmó. “Fue una gran pérdida”.
El duelo se manifiesta de manera distinta dentro de la familia. Su esposo lo interioriza. Granda lo lleva consigo a la pista, a su trabajo y a cada jornada.
Un recuerdo la sostiene. Cuando Joaquin la vio triste en una ocasión, le dijo: “Mamá, solo se vive una vez. Y si no la vives feliz, nadie más lo hará por ti”.

“Cuando me siento decaída, siempre digo: ‘Hoy lo haré por ti’”, expresó. “Pero no solo por él, también por mi hija. No quiero que me vea triste”.
Ella reconoce que entrenar se ha convertido en parte de su proceso de sanación. “Al principio dudaba en trabajar en la escuela secundaria”, explicó. “Me preguntaba cómo me sentiría. Pero ayuda. Es una distracción para mí. Y creo que mi hijo estaría orgulloso”.
Construir Más que Corredores
Granda comenzó como voluntaria con Westchester Striders en 2019, poco después de que Juliette se uniera al club local de atletismo. Se integró para apoyar al fundador Ted Bitter en la supervisión de entrenamientos para atletas desde los seis años hasta la secundaria.
“Esa fue la fuerza que impulsó todo esto”, señaló. “He estado ayudándolo durante siete años”.
En la primavera de 2025, el director deportivo de Peekskill, Austin Goldberg, se acercó a ella para invitarla a formar parte del cuerpo técnico de la escuela secundaria. Ella quedó sorprendida, pero estaba preparada. Con sus certificaciones en regla y décadas de experiencia, aceptó el reto.
“La entrenadora Granda ha sido una incorporación increíble para nuestro cuerpo técnico”, afirmó Goldberg. “Aporta una gran experiencia y un profundo conocimiento del atletismo. Su pasión por el deporte y por nuestros atletas ha generado un impacto inmediato y duradero”.
Su filosofía es sencilla pero firme. “El atleta siempre debe ser lo primero”, dijo. “Su salud, su mentalidad. La forma en que entrenan día a día determina cómo rinden a la hora de la competencia”.
Considera que el atletismo es una lección de vida. “La pista te hace fuerte. Te hace pensar. Te da la capacidad de superar cualquier dolor o derrota”.

Ya sea guiando a corredores experimentados que buscan nuevas marcas personales o a principiantes que aún no encuentran su lugar, el enfoque permanece basado en el estímulo y el apoyo. Quiere que vean el atletismo no solo como competencia, sino como un camino hacia la superación personal.
“Como exatleta, sé lo que sienten”, afirmó. “Sé cómo es cuando ganan y cuando pierden”.
Continuar adelante
En cualquier día de la semana, el horario de Granda funciona como un reloj, con una responsabilidad que se mezcla con la siguiente. Desde el aula hasta la pista, sus horas están dedicadas a los jóvenes: apoyando familias, orientando adolescentes y generando confianza de maneras que muchas veces pasan desapercibidas. Es un trabajo exigente, pero para Granda simplemente es una extensión de quien es.
“Me siento muy orgullosa de formar parte de este equipo”, dijo. “Especialmente por mis hijos, porque ellos fueron parte de esta escuela. Lo que doy, lo doy realmente desde el corazón”.
Juliette observa la simetría. “Ella fue entrenada por su padre cuando era joven, me entrenó a mí y ahora entrena en la escuela secundaria a la que yo asistí”, comentó su hija. “Que sea la entrenadora de atletismo en Peekskill se siente como cerrar un ciclo”.
Aunque ya no compite, Granda continúa corriendo. No para perseguir medallas ni cruzar la meta primero, sino para seguir avanzando —por el padre que la inspiró, por la hija que lleva su legado y por el hijo cuya memoria fortalece cada paso.
Algunos días son más pesados que otros. Sin embargo, para Granda, la lección nunca ha sido dónde termina la carrera. Es tener el valor de continuar, un paso firme a la vez.

