
La música nacional ecuatoriana animaba el ambiente. Apenas se abrió en domingo 16 de noviembre, el recinto electoral que recibiría a los votantes de Peekskill y zonas aledañas para el referéndum constitucional y consulta popular de Ecuador de 2025, los pasillos de la Youth Bureau de la ciudad se llenaron de pasillos, sanjuanitos y albazos ecuatorianos. Esos acordes hicieron que muchos de los asistentes, al entrar, respiraran hondo y recordaran con nostalgia. “Tratamos de traer un poco de nuestra tierra al menos con la música”, diría más tarde Jorge Muñoz, delegado del Consulado de Ecuador en Nueva York y coordinador del proceso en Peekskill. Y era cierto: por un ratito, el recinto se convirtió en una franja de patria, un espacio donde el voto no solo era un deber, sino también un puente emocional con un país que se añora incluso desde la distancia.
Desde temprano, Muñoz notó algo más: la calma. Dijo que todo se desarrolló “con normalidad, sin incidentes”, que los miembros de las cuatro juntas receptoras del voto llegaron puntuales y que la jornada avanzó suave, sin sobresaltos. Pero también admitió que llegó menos gente que en procesos anteriores; que, con suerte, alcanzaban el 40 % del padrón. Aun así, ese ambiente relajado daba la apariencia de que todo estaba bien allí.
Nada que ver con Ecuador, donde la dinámica fue mucho más rígida: papeletas supervisadas, control estricto, militares revisando cada movimiento y el recordatorio constante de que el uso del teléfono puede costar multas o sanciones si alguien se atreve a sacar una foto durante el sufragio.
En Peekskill, Claudio López, voluntario durante la jornada, lo explicó casi con una sonrisa: “Todo ha sido muy calmado en las juntas, no ha habido ningún problema”. Esa serenidad se mezclaba con la música, con conversaciones en voz baja, con el olor del café que algunos trajeron desde casa. Afuera hacía frío, pero adentro había ritmo y un eco suave que llamaba al hogar.

Entre quienes sí votaron estaba Yolanda Parra, convencida de que algunas de las preguntas podrían mover fibras profundas del país. “Hay temas de seguridad que son urgentes”, dijo con firmeza, “y también asuntos de presupuesto, gastos que no valen la pena, como tener tantos asambleístas”. Su voto fue un gesto de esperanza, una forma de influir —desde este pequeño rincón del Valle del Hudson— en decisiones que se discutirán a miles de kilómetros.
Otros, sin embargo, no sintieron ese llamado. Como Darío Guanca, quien decidió quedarse al margen esta vez. “No ameritaba llamar a elecciones para asuntos que el gobierno debería resolver sin gastar tanto en una votación”, explicó. Su postura reflejaba ese cansancio que muchos ecuatorianos comparten, dentro y fuera del país, después de años de consultas, cambios, crisis y sobresaltos.
Mientras en Peekskill el proceso avanzaba con un ritmo pausado, en Ecuador la jornada tenía otro pulso. En Quito, Guayaquil y Cuenca, los centros se vieron más concurridos, con filas largas, controles estrictos, cámaras de medios nacionales y una vigilancia que no deja espacio para improvisaciones. En Cuenca, por ejemplo, se reportaron instrucciones paso a paso para cada votante, recordatorios constantes sobre la prohibición del teléfono y el ambiente formal y tenso que suele acompañar a las elecciones en el país. Nada que ver con la tranquilidad casi doméstica del voto en el exterior.
Las preguntas de esta consulta popular no pasaron desapercibidas: reformas de seguridad, control de armas, extradición, reducción de gastos estatales, cambios en la estructura de la Asamblea. Son temas que marcan el presente de Ecuador, que hablan de un país que busca frenar la violencia, reordenar sus instituciones y aligerar su estructura estatal. Algunos votaron con la convicción de que el país necesita cambios urgentes; otros —como Darío— sienten que las decisiones deberían tomarse sin repetir una y otra vez el desgaste electoral.
A las 5 p.m. en Ecuador y a las 7 p.m. en Peekskill se cerraron las urnas y comenzó el conteo, que se esperaba concluir entre 8 y 9 p.m. Los primeros datos oficiales muestran que el “No” se impuso en la mayoría de mesas y preguntas. Únicamente en la pregunta C, que planteaba la reducción del número de asambleístas, el “Sí” obtuvo una ligera ventaja, según informó el delegado Jorge Muñoz. En Peekskill hubo 3.031 empadronados, de los cuales aproximadamente 1.670 eran hombres y 1.350 mujeres. De ese total, votaron 551 hombres y 427 mujeres, lo que confirma la baja participación señalada durante la jornada. A nivel global, el Consejo Nacional Electoral (CNE) reportó que en el exterior fueron habilitados para sufragar 470.636 ecuatorianos en tres circunscripciones especiales, con puntos de votación en 37 países.
