Peekskill Herald

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La Jueza Fernández quiere allanar el camino para otros

Los héroes vienen en todas las formas y tamaños: algunos usan capas, otros usan togas, pero todos tienen una cosa en común: la misión de administrar justicia. En este sentido la Honorable Lissette G. Fernández es una de las heroínas de Peekskill. En el 2015, después de disfrutar de una exitosa carrera de diecinueve años en el gobierno, Fernández abrió un despacho de abogados en su ciudad natal de Peekskill (en Hudson Avenue) para ayudar a los residentes hispanos a alcanzar el “sueño americano”. Fernández, ciudadana estadounidense naturalizada, una vez buscó ese sueño. Después de haberlo realizado, ahora dedica su vida a hacer una diferencia para los inmigrantes en la ciudad que la acogió, a los siete años, cuando llegó de Ecuador.

La Honorable Lissette G. Fernandez (Enid Alvarez Photography)

En febrero del 2020, Fernández hizo historia cuando se convirtió en la primera jueza latina designada al Tribunal Municipal de Peekskill. Su nombramiento le mostró a la comunidad hispana de Peekskill que ningún sueño es demasiado grande y ninguna barrera es insuperable. Los logros y el trabajo de Fernández no han pasado desapercibidos, de hecho, recientemente fue reconocida en dos ocasiones distintas.

El 5 de octubre, en conmemoración del Mes de la Herencia Hispana, Fernández recibió por primera vez el Premio Acceso a la Justicia del Noveno Distrito Judicial, presentado por la Asociación de Abogados Hispanos del Valle de Hudson. Fernández recibió este premio por sus esfuerzos en enseñar a la comunidad hispana los derechos de los inmigrantes en los Estados Unidos y las leyes de inmigración. Además, Fernández lleva a cabo un programa de capacitación anual en el Noveno Distrito Judicial para el personal de los tribunales y socios comunitarios sobre temas que afectan a los usuarios inmigrantes de los tribunales. Fernández le dijo al Herald que una de las razones por las que enseña es para prevenir la explotación que los latinos suelen sufrir debido a la barrera del idioma.

También en octubre, Fernández fue una de las 24 mujeres que aparecieron en un artículo de la revista Westchester, “Mujeres empresarias que marcan la diferencia en Westchester en 2023”. Las mujeres presentadas estaban “superando los límites de lo que significa liderato, servicio y sobresalir en el condado de Westchester”. Más específicamente, el artículo señalaba sobre Fernández: “Profundamente comprometida con mejorar las vidas de los miembros de su comunidad, la jueza Fernández es imparable frente a la justicia”.

La jueza Fernández, vestida de negro en primera fila, se une a otras mujeres distinguidas en la ceremonia de premiación de la revista Westchester en noviembre. A su lado está la directora ejecutiva de CHHOP, Cynthia Knox, vestida de rojo.

“Me sentí muy honrada. Ambos premios fueron completamente inesperados”, dijo Fernández al Herald. “Me siento muy bendecida de poder decir que estoy viviendo mis sueños en la ciudad en la que crecí.” Fernández espera que estos logros y su historia inspiren a otros en la comunidad. El camino de Fernández hacia la judicatura abarca un recorrido que incluye trabajar como asistente legal en Nueva Jersey, la Fiscalía del Distrito del Bronx, la Fiscalía General y, finalmente, volver al punto de partida donde todo comenzó en Peekskill.

Durante sus primeros años

Fernández, de 48 años, nació en Quito, Ecuador. En 1982, a los siete años, Fernández emigró a los Estados Unidos con sus padres; la familia se instaló en Peekskill casi de inmediato. Recordó que Peekskill era menos diversa culturalmente en ese entonces. “Peekskill era un lugar muy diferente para eso de la década del 1980. En primer lugar, había muy pocos latinos aquí; había menos de un puñado de familias latinas en Peekskill, mi familia era una de ellas”.

Fernández asistió a la Escuela Católica de la Asunción en sus primeros años. Adaptarse a su nuevo entorno y a su nueva escuela fue difícil para Fernández cuando llegó. “Los profesores de Asunción eran muy amables, pero no había programas de ESL [inglés como segundo idioma]. Ellos no hablaban español y yo no hablaba inglés, así que fue muy difícil”. Fernández se dio cuenta de que necesitaba adaptarse rápidamente para tener éxito en su nueva escuela. “Hablaba inglés con fluidez en aproximadamente un mes por necesidad. Necesitaba aprenderlo para seguir adelante.”

Al crecer en Peekskill, Fernández pasó gran parte de su tiempo libre en el Field Library con su hermano. Le gustaba leer libros y rápidamente se hizo amiga de los bibliotecarios. Cuando tenía 12 años, Fernández quedó intrigada por el muy publicado asesinato de Lisa Steinberg, que entonces tenía 6 años, víctima de violencia doméstica. “Estaba en todas las noticias. No podía creer que esto pasaría en Estados Unidos porque yo vengo de otro país. Pensé: ‘¿Cómo puede ser que le pase esto a un niña/o?”, dijo Fernández.

Decidida a encontrarle sentido a cómo podía existir un mal de ese calibre, Fernández comenzó a hacer preguntas y, a medida que su curiosidad seguía creciendo, los bibliotecarios del Field Library la guiaron hacia las respuestas que deseaba. A una edad tan delicada, Fernández descubrió que los abogados tenían el poder de hacer justicia en casos de esa magnitud. “Fue entonces cuando se plantó la semilla en mí. Necesitaba ser abogada”, dijo Fernández. Pasaría la mayor parte de su adolescencia ayudando a las personas sin hogar y trabajando como voluntaria en refugios para sobrevivientes de violencia doméstica.

Fernández recibió una beca para asistir a la Escuela Preparatoria Católica John F. Kennedy en Somers de la cual se graduó en el 1993. Después de la secundaria, Fernández asistió a Iona College (ahora Universidad). Se graduó en Iona en el 1997 con una licenciatura en Historia y Filosofía.

Trayectoria Profesional

Fernández continuó trabajando como voluntaria en refugios durante toda la universidad, lo que le permitió establecer conexiones con una variedad de personas. Cuando Fernández buscaba trabajo después de la universidad, descubrió que otro voluntario del refugio también era abogado y trabajaba para la oficina del fiscal del distrito del Bronx. A través de esta conexión, Fernández pudo conseguir un trabajo como asistente legal en la oficina del fiscal del distrito del Bronx.

Las propias ambiciones profesionales de Fernández fueron validadas por su período de dos años como asistente legal. “Trabajar día a día con la Fiscalía me aseguró que eso es lo que quería hacer.” En 1999, Fernández dejó la oficina del fiscal del distrito del Bronx para asistir a la Facultad de Derecho de Seton Hall en Newark, Nueva Jersey de la cual se graduó en el 2002. Pero para ejercer la abogacía, Fernández aún necesitaba aprobar el examen de licenciatura, que es como una “licencia de abogado” y es un examen muy exigente que dura muchas horas. Fernández tuvo éxito en su primer intento tanto en Nueva Jersey como en Nueva York y empezó a trabajar inmediatamente. Se convirtió en secretaria judicial del Tribunal de Familia del Condado de Essex, en Newark, Nueva Jersey. Este puesto judicial anual es muy prestigioso el cual generalmente sólo está disponible para los mejores estudiantes.

La jueza Fernández con uno de sus mentores, Alan Karen, en la oficina del fiscal de distrito del Bronx.

Más tarde, en el 2002, Fernández regresó a la oficina del fiscal del distrito del Bronx, no como asistente legal sino como asistente del fiscal de distrito de pleno derecho. Fernández trabajó en la Unidad de Violencia Doméstica y Delitos Sexuales, donde juzgó con éxito cientos de casos de violencia doméstica. Fernández comparó su experiencia trabajando en esta unidad con lo que un espectador podría ver en “Ley y Orden: Unidad de Víctimas Especiales”, pero sin el drama exagerado del programa. Fernández trabajó en la Fiscalía del Bronx durante cinco años. Durante los últimos dos años que Fernández estuvo allí, pasó de los delitos sexuales a la Unidad de Investigaciones de Narcóticos. “Después de un tiempo uno quiere rotar porque con esos casos es necesario tomarse un descanso”, dijo Fernández.

Fernández dejó la oficina del fiscal del distrito del Bronx en el 2007 para unirse a la Oficina del Fiscal General de Nueva York como Fiscal General Adjunto. (En ese momento, Andrew Cuomo era el Fiscal General del Estado). Fernández fue asignada a la Unidad de Control de Fraudes del Medicaid, en donde investigaba y procesaba el fraude de Medicaid por parte de proveedores de estos servicios en cualquier forma en el Estado de Nueva York. El trabajo requería que Fernández viviera en Manhattan. Después de ocho años de viajar y pasar solo los fines de semana en Peekskill, Fernández comenzó a contemplar otros trabajos para dedicar más tiempo a criar a su hijo (Noah, que ahora tiene 10 años). En el 2015, Fernández tomó la valiente decisión de dejar su trabajo en el gobierno. “Fue difícil porque había estado en el gobierno toda mi vida”, dijo Fernández.

Trabajo de inmigración

Mientras trabajaba en Manhattan, Fernández dijo que a menudo recibía llamadas del Padre John Higgins y del Padre Vincent Druding, de la Iglesia de la Asunción. Le dijeron que la comunidad hispana en Peekskill necesitaba más abogados bilingües y alfabetizados en dos idiomas. En el 2015, después de dejar su puesto como Fiscal General Adjunta, Fernández comenzó a considerar la inmigración como el siguiente capítulo de su carrera.

Aunque no tenía experiencia previa en inmigración, Fernández aprovechó la oportunidad para ayudar a la comunidad que amaba muchísimo. “Después de ver la necesidad, abrí mi propio bufete de abogados en inmigración aquí en Peekskill”. Fernández trabaja principalmente en defensa criminal y casos de inmigración.

Aunque Fernández había ejercido la abogacía durante 20 años, la ley de inmigración fue un desafío. “La ley de inmigración es muy compleja y difícil”, dijo. Fernández señaló que los abogados deben estar atentos a conocer las últimas leyes: la inmigración es un área de supervisión federal y las leyes cambian con frecuencia. “Si no está al día con la ley, literalmente podría ser la ‘vida o muerte’ de su cliente.”

Mientras perfeccionaba su oficio, Fernández recordó haber participado en muchos casos pro-bono (gratis), a menudo asociándose con organizaciones sin fines de lucro para brindar representación gratuita a las personas. En unos pocos años, gracias al darse a conocer de boca a boca, Fernández ganó muchos clientes y se hizo popular en la comunidad hispana de Westchester. Fernández está calificada de manera única e ideal para ayudar a sus clientes en la sala del tribunal: aprovecha sus cinco años como fiscal y su experiencia actual como juez. Además, habla español e inglés con fluidez. Esta trifecta la ha diferenciado de otros abogados en el área: . “Si no fuera bilingüe y bialfabetizada, no podría haber dejado el gobierno y haber abierto un consultorio y ganarme la vida. Hay miles de abogados, pero como yo era bilingüe y entendía a la comunidad, pude venir aquí y ayudar a la comunidad.”

Fernández agregó que es selectiva con quién trabaja porque no quiere aprovecharse de la vulnerabilidad de nadie. “Ningún abogado puede garantizar el resultado de un caso, pero me gusta tomar casos en los que sé que la persona tiene todo lo que necesita para seguir adelante”. Y añadió: “Hay abogados que tomarán cualquier caso, incluso si la persona no tiene ninguna posibilidad, y no creo en hacer eso”.

Judicatura en Peekskill

Fernández hizo historia en el 2020 cuando se convirtió en la primera jueza latina nombrada en Peekskill por un período de seis años. (Fernández puede ser juez y ejercer la abogacía al mismo tiempo porque practica la ley de inmigración la cual es ley federal). Su nombramiento no fue fácil; Fernández había sido ignorada para el puesto cuatro años antes.

La jueza Fernández, corte de la ciudad de Peekskill.  Foto de Jeff Merchan (Jeff Merchan)

En el 2016, el Consejo Común de Peekskill votó a favor de cubrir una vacante de juez de la ciudad. Luego, el alcalde Frank Catalina y sus compañeros republicanos del consejo, Vincent Vesce y Joe Torres, abogaron por Fernández, quien creían que era la mejor opción, dada la creciente población hispana en Peekskill. En cambio, el consejo liderado por los demócratas votó por Melissa Loehr, quien se convirtió en la primera jueza de un tribunal municipal de Peekskill.

“No era mi momento”. dijo Fernández. Explicó al Herald que después de ser rechazada para el puesto, continuó su trabajo como abogada, creyendo que el destino determinaría cuándo le llegaría el momento de servir. Esa oportunidad llegó en el 2020, y ahora los residentes pueden encontrar a Fernández y al Honorable Reginald J. Johnson presidiendo en el Tribunal Municipal de Peekskill en casos civiles y penales.

Después de unirse al tribunal de la ciudad de Peekskill, Fernández se sorprendió al saber que ni un solo formulario judicial estaba disponible en español. Uno de los primeros cambios que hizo fue asegurarse de que todos los documentos en el juzgado estuvieran traducidos al español para ayudar a los residentes de habla hispana que acudieran al tribunal. “No lo hice porque alguien me lo dijera; simplemente sentí que era mi deber como persona que alguna vez tuvo un dominio limitado del inglés cuando era niño, asegurarme de que al menos tuviéramos formularios en español.” Este acto por sí solo explica por qué Fernández recibió recientemente el premio de Acceso a la Justicia.

Cuando se le preguntó qué es lo que más le gusta a Fernández de ser juez, respondió: “Darle a la gente la oportunidad de tener una plataforma para ser escuchada. En muchos de los casos civiles o de reclamos menores que hago, de eso se trata. A veces es algo tan pequeño, tal vez estén peleando por cien dólares. Pero en realidad no se trata de esos cien dólares. Se trata más de alguien que le hizo algo a otra persona y quiere ser escuchado.” Fernández explica que se enorgullece de ser una jueza que escucha a ambas partes (lo cual es apropiado, ya que lo ha sido en ambos lados de la sala del tribunal), en lugar de ser desdeñosa.

Para cualquiera que desee hacer de la abogacía una carrera, Fernández compartió algunos consejos: “¡Establecimiento de contactos! La gente se olvida de lo importante que es la creación de redes. Cada uno de los trabajos que tuve se debió a las personas que conocí en el camino”. Añadió que ser fiel a uno mismo y mantener una buena ética de trabajo son las claves del éxito.

En cuanto al futuro, Fernández reveló que busca ascender a un tribunal superior después de que termine su mandato actual en el 2025. Cuando se le preguntó por qué quiere seguir progresando, dijo: “No es solo para mí, sino que quiero hacerlo para inspirar y abrir puertas a los demás.”

 

 

 

About the Contributor
Peekskill native Jeffrey Merchan is a 2022 graduate of Peekskill High School. He is the Collegiate Journalist at Peekskill Herald, funded by a grant from the DJ McManus Foundation. He is currently enrolled at Westchester Community College where he is studying journalism. As the inaugural recipient of the McManus grant, he will be covering city government, schools and feature stories with a focus on Peekskill’s growing Hispanic community.